Cuento: Una semana dura

Cuento: Una semana dura

Aquella mañana había enviado un mensaje a su masajista. ¿Tienes un hueco esta tarde? Necesito que me quites una semana dura. A las 16, fue la respuesta de ella.

Como siempre, aquel hombre dolorido, llegó al barrio con tiempo por si había imprevistos. Siempre llegaba con tanto tiempo que tenía que quedar donde hubiera alguna cafetería. Una vez se sentó en un parque a esperar a su cita, se le clavaron las miradas inquisidoras de madres protectoras. Que equivocadas estaban, su lujuria no era hacia sus pequeños, era hacia ellas.

Quedaba media hora para el masaje, pensó en sentarse en la terraza de aquel bar pero el frio era hiriente y, aunque tuvo que aguantar la televisión con programas para mentes vacías y gente que chillaba para hacerse oír, decidió que era mejor ponerse en la barra. Abrió el libro que llevaba en el punto donde lo había cerrado en el metro. Y desconectó.

— ¿Qué va a tomar?

— Un café solo. — El libro no le había enganchado todavía y se quedó en la frase que dijo. Sólo tres palabras y con varios significados si ponías una coma allí o un acento allá. Lo que entendió la camarera es que quería un café (porque si dices quiero un café te preguntan ¿Solo? Pues claro que solo, si no te lo hubiera pedido con leche o carajillo o cortado o con gotas), pero si hubiera puesto un acento el significado hubiera sido que quería un café sin nada más, ni donuts, ni agua, ni bocadillo, ni el New York Times; pero ¿y si hubiera puesto una coma? El significado cambiaba, quería tomar un café, solo, sin compañía, en soledad. Aunque en este caso (un café, solo) también podría significar que conociera a la camarera y fuera la hermana de Han (para los de mi generación ha hecho mucho daño La Guerra de las Galaxias, lo sé); lo que pasa que en este caso tendría que haber puesto Solo, con mayúsculas, pero lo dijo, y como las mayúsculas no se dicen de ahí la confusión. Y no se dicen las mayúsculas como la h que es muda, como mi tía, la muda, que habla por los codos (mejor, con los codos, y con las manos, y con los dedos, y con la cabeza). Es tan peculiar el idioma que ponemos letras que no suenan: así, quizás, tendríamos eces sin olor, erencia sin impuestos o elado a temperatura ambiente.

El hombre dolorido seguía ensimismado esperando que llegara la hora de desnudarse y que recorrieran su cuerpo las manos propiedad de aquella hermosa mujer. La noche anterior había recibido un mensaje de una antigua novia. Llevaban meses sin hablarse y le preguntaba cómo estaba. Siempre ha pensado que ese mensaje de “cómo estás?” era una forma burda de decir: “Pensaba en ti, quiero saber de ti, quiero que me preguntes cómo estoy y que hablemos un rato porque estaba pensando en ti y te echo de menos” pero nos ahorramos parecer ansiosos. Había decidido que la respuesta a ese tipo de mensaje sería siempre “Bien, y tú?” Le divertía ver la reacción de su interlocutor, sobre todo si las respuestas eran del tipo: “Estás poco hablador”, “joder, chico, qué seco”, “perdona si te he molestado”, “eres la alegría de la huerta”. Y era cuando se petaba los nudillos de las manos, se sentaba con calma y sacaba toda la artillería para contestar. “UI, perdona, es que tu “cómo estás?” lo he interpretado sin imaginarme que estabas saltando en tu sofá, riendo a carcajadas y con la tuna de la universidad a tu lado” y lo cargaba de emoticonos al azar. Hacía tiempo que se estaba quedando sin amigos.

Recordaba ese mensaje, el hombre dolorido a falta de tres minutos para subir a que lo llenaran de aceite y de sensaciones, pensando en si había estado enamorado de aquella chica. Tenía muy claro que la había amado y que la quería un montón; rompieron por inercia pero sin malos rollos. Y esa reflexión le llevó a sus otras parejas, y hacia aquellas mujeres que deseó en algún momento, momentos que también se cruzaron con sus parejas. ¿Había estado enamorado alguna vez? De hecho, ¿qué era estar enamorado? Es cierto que había querido a sus parejas, y a sus amigas, y a sus amigos, y a su familia. Por lo que sabía que era amar. Pero estar enamorado, pensaba que no. O por lo menos ese enamoramiento que sufren (y digo sufren porque parece un sufrimiento) personas que ha conocido. Eso sabía que no había llegado a sentir. Deseo, pasión, vicio, amor; todo eso sí pero no estar enamorado de aquella manera. Y otra reflexión le vino a la cabeza, ¿y si fuera que todos sentimos diferente? o ¿y si fuera que sentimos parecido pero lo mostramos diferente? o ¿y si fuera que lo explicamos de forma diferente? Era obvio que no iba a encontrar la respuesta en ese momento, aún hay gente que busca el Grial ¿quién era él para encontrar la respuesta a la profundidad de estar enamorado?

Pagó a la camarera deseándole que la fuerza la acompañara y se marchó a amar, al menos por una hora, a aquella belleza que le sacaría la dureza de la última semana.

By | 2019-01-08T18:12:07+00:00 enero 8th, 2019|Cuentos|2 Comments

2 Comments

  1. Hermínia 11 enero, 2019 at 5:56 am - Reply

    M,ha agradar molt!

    • Enric Ejío 12 enero, 2019 at 8:45 am - Reply

      Moltíssimes gràcies Herminia!!!

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