¿Fracaso o éxito?

¿Fracaso o éxito?

Mi profesor de literatura nos ha inculcado que no cometamos el tremendo error de comenzar un relato con “el parte meteorológico”. Por eso no voy a empezar este con aquello tan nuestro de: “Tarde de domingo, el calor del verano no me deja dormir la siesta. La humedad se adhiere…” No, paso; pero hace calor, horas para iniciar el verano y ya quiero que se acabe.

Y busco mi droga, la nueva. Me enchufo a Netflix y me topo con una charla de Brené Brown. Altamente recomendable pero no me hagas mucho caso, seguro que tienes mejores cosas que hacer.

Brené nos cuenta que su manera de ver algunas cosas cambió cuando leyó este texto de Theodore Roosevelt, es un fragmento de un discurso que dio en 1910 en Francia. El texto se llamó The man in the Arena. He pensado en poner el texto traducido pero sois gente ilustrada y no quiere quitarle esencia al mismo.

It is not the critic who counts; not the man who points out how the strong man stumbles, or where the doer of deeds could have done them better. The credit belongs to the man who is actually in the arena, whose face is marred by dust and sweat and blood; who strives valiantly; who errs, who comes short again and again, because there is no effort without error and shortcoming; but who does actually strive to do the deeds; who knows great enthusiasms, the great devotions; who spends himself in a worthy cause; who at the best knows in the end the triumph of high achievement, and who at the worst, if he fails, at least fails while daring greatly, so that his place shall never be with those cold and timid souls who neither know victory nor defeat.

Mi texto no es más que un post, en un blog que no lee casi nadie (todavía). Una opinión sobre algo que me apetece reflexionar. El texto de Roosevelt da para una tesis, para desgranar hasta la posición de las comas. Y lo que me ha traído a la mente viendo la charla de Brown ha sido una frase que me dijo un viejo amigo, motero hasta oler a gasolina: “El día que tienes una moto no te has de preguntar si te vas a caer o no, te has de preguntar cuándo te vas a caer”, y he tenido moto y me he caído.

Vas a fracasar. Vas a perder. Vas a caerte. Y si nunca lo has hecho tampoco has tenido éxito, nunca has ganado, nunca te has levantado. No has arriesgado nada, tu vida es plana.

Muchos hemos escuchado, leyenda o no, la historia de los currículums en Estados Unidos. Me da igual que sean ellos o cualquieras otros. La historia dice que tu Resume no pasa el primer filtro si en él no explicas tus fracasos. Y, para mí, tiene todo el sentido; no te mojas si no te metes en el agua. Puedes aprender de tus logros, seguro. Pero aprendes mucho más de tus fracasos, de tus errores, de tus debilidades.

No me fio de las personas que te dicen que nunca han fracasado. Mienten. Lo que les pasa es que no hablan de sus caídas. Quizás es cultural, no lo sé, no soy sociólogo y tampoco quiero profundizar en ello; pero alardeamos de nuestras victorias y escondemos las derrotas. Yo también era así: te preguntaban por las notas y destacabas las mejores, las otras: el profesor me tenía manía. Los éxitos míos, los fracasos culpa de los que me rodean. ¿Y eso? Mostrar que no eres perfecto era una debilidad. Cuando lo tienes grabado a fuego desde pequeño es un mantra. ¿Y en qué te convierte eso? En alguien débil de verdad, dejas de tomar riesgos por miedo al fallo, dejas de enfrentarte a la vida para verla pasar, dejas de asumir que eres lo que eres para creerte lo que quieres ser sin serlo.

Algo cambió en mí. No fue una catarsis tomando ayahuasca, no. Fue algo más gradual. Culpaba a todo el mundo de mis momentos de quiebra: malos jefes, peores compañeros, profesores estúpidos, amigos egoístas. Y todo era una interpretación de algo más allá de mí. Vivía mi vida desde la coraza del miedo sin saberlo. Construí un muro para no tomar riesgos, ergo si no tomaba riesgos los fracasos eran por los demás y las circunstancias; pero lo que eran éxitos también los veía como suerte, caer de pie, las circunstancias también ¿por qué no? Era pasar por la vida en silencio, sin buscar, sin arriesgar porque yo no podía fracasar.

Y no fue hasta que asumí que ser vulnerable, y asumirlo como mi gran tesoro, formaba parte de la valentía. Me di cuenta que no mirar dentro y ver mis limitaciones era la verdadera cobardía. Entendí que el mundo es de los valientes, por supuesto, de aquellos que arriesgan a pesar de estar acojonados porque no saben qué resultado tendrá, aquellos que se tiran al vacío cargados de esa adrenalina que nos llena sin saber adónde vamos. De aquellos que irán a por su sueño y se la pegarán porque habrán cometido errores, y se levantarán, y se espolsarán la tierra de los hombros y escupirán sangre, y mirarán a ambos lados frunciendo el ceño y dirán: “¡Vaya ostia!, por aquí no era, pues será por allí”.

Atribuyen una frase a Thomas A. Edison, algo así como: “No he fracasado diez mil veces hasta encontrar el funcionamiento de la bombilla. He descubierto diez mil formas de que no funcione”.

Pues eso, no te caerás de la moto hasta que no subas a ella.

Salut!!!

By | 2019-06-18T20:31:14+00:00 junio 18th, 2019|Post|0 Comments

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