Así quiero que aprendas

Así quiero que aprendas

Para cuando leas esto será, para ti, cualquier día de la semana. Pero para mí es sábado por la tarde y estoy preparando una charla, que doy en dos horas, sobre cómo gestionarnos las emociones utilizando herramientas de PNL.

Es posible que te interese, o no. Otro día publicaré una serie de artículos sobre ello. Y editaré este para poner aquí, entre paréntesis (post futuro), el enlace, incluso puede que se ponga hasta azul.

Mi reflexión de hoy va más encaminada a algo más global que hacemos todos los que nos catalogamos de humanos. Incluso los que no. Y es aprender. Desde que nacemos estamos aprendiendo alguna cosa.

No voy a entrar en el tema de que no aprendemos nada si no que ya lo sabemos todo y lo que hacemos durante la vida es recordarlo. Esta es una conversación/debate que dejaré en la carpeta de cosas espirituales. No digo que esté a favor ni en contra. Simplemente, no es el lugar.

Por lo tanto, y bajo esta premisa, aprendemos. Y todo lo que aprendemos viene de fuera. Todo, desde mi punto de vista. Incluso si te vas diez días de retiro de silencio y vuelves diciendo: “He aprendido mucho de mí”, lo que aprendes viene de fuera. O es una consecuencia de lo que viene de fuera.

Antes déjame que te cuenta una historia que me pasó en el año 1989.

Estaba en mi último año de lo que, entonces, era la Formación Profesional. Posiblemente en uno de los mejores colegios de Barcelona en esta materia en aquellos momentos. Yo estaba becado por una Multinacional, en la familia no había recursos para pagar esa locura. Una vez acabados los estudios, con otros compañeros de clase, teníamos puesto asegurado en la fábrica si aprobábamos. Así de fácil trabajo industrial a cambio de aplicarte, algo, en los estudios. Ese último año, nuestro tutor me pidió que le ayudara con los exámenes de sus clases ya que la escuela tenía la oportunidad de poner un stand en la Feria de Muestras y a él le ocupaba todo el tiempo. Le dije que vale y colaboré con él.

Una semana después de tener el título, y ya llevando tres días trabajando en la fábrica, recibo una propuesta del colegio para ser profesor de primero en varias asignaturas. Yo tenía 19 años y un puesto seguro de trabajo, ganando bien. Me acojoné y no acepté. Esa escuela, ahora, es una universidad y, con algo de esfuerzo, yo sería ahora profesor universitario.

Pasé mucho tiempo arrepintiéndome de aquello. El trabajo en la fábrica lo único que aportaba era un sueldo bastante arreglado. El resto era absurdo. Llegabas, te ponías de azul, dejabas tu cerebro en la taquilla y a apretar botones rodeado de ruido.

¿Por qué te cuento esto? Pues porque suelo hacer post de más o menos mil palabras y tenía sitio. En serio, te cuento esto porque perdí aquella oportunidad ya que no supe ver las oportunidades que me daría semejante aventura. Pero, sobre todo, porque no me di cuenta de lo mejor que podemos hacer en la vida es eso. Transmitir la información que hemos recibido.

Llegamos a la vida sin nada y dejamos todo cuando nos marchamos. Excepto dos cosas. Nuestras experiencias, y con ellas todas nuestras emociones, y nuestra sabiduría. Puede que te suene rimbombante la palabra sabiduría pero creo, con enorme firmeza, que es así. Acumulamos mucha sabiduría durante nuestra vida. ¿Qué mejor que dejarla para que los demás la usen?

Alguno de vosotros seréis padres y, para mí, es un regalo poder transmitir lo aprendido a vuestros hijos. Incluso lo bueno (un poco de ironía). Pero entiendo la enseñanza como hace mi hermano con mi sobrino de tres años. Que él aprenda, sin forzar a enseñarle. Sin querer imponer nada y que pruebe lo que mejor le vaya, lo que se sienta más cómodo. En nuestro proceso de aprendizaje vamos creando nuestra personalidad, siempre, no sólo de pequeños. Quizás has hecho algún curso dónde has aprendido a relajarte más y te has convertido en una persona más paciente. O estás en un taller de manualidades y estás viendo que cada vez eres más observador con el mundo que te rodea y su belleza.

Cuando mis alumnos me dicen porque no utilizo presentaciones informáticas o les digo que no se vuelvan locos cogiendo apuntes porque ya les pasaré la teoría después del curso es porque tengo muy claro que lo que les llegue de mis palabras, o de los ejemplos que pongamos en clase, o de los rolplay’s que hagamos, o de los comentarios de los alumnos y se quede en su mente es lo que necesitan. Si no te ha llegado es que no vas a necesitarlo en estos momentos. Es así como enseño y como quiero que mis alumnos aprendan: divirtiéndose, pensando, analizando momentos, viéndose reflejados en sus compañeros, utilizando el pensamiento crítico para ponerme en dificultades.

Soy de los que pienso que nunca tomamos una mala decisión. Nuestra mente no nos lo permitiría. Lo que pasa es que las consecuencias de esa decisión puede que no estén dentro de tus expectativas. Yo tome una decisión el verano del 89, durante mucho tiempo no me lo perdoné. Ahora sé, con absoluta certeza, que fue la mejor decisión. La vida me ha llevado por tormentas y días de sol, por llanuras y montañas angostas, por momentos de los que, siempre, he sacado algún aprendizaje. En aquel verano podría haber cogido el camino de la enseñanza y, quizás, hubiera sido exitoso. Pero puede que no. Ahora sé, y antes no lo sabía, que quiero transmitir lo que he aprendido. Y para eso necesitaba estar preparado.

No te lleves nada. Disfruta que otros se empapen de tu sabiduría.

Salut!!

By | 2020-05-16T17:36:44+00:00 mayo 16th, 2020|Post|0 Comments

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